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El árbol, la muerte y la vida.

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Que tristeza no tener labios ¡para expresar las penas que aquejan! qué desolación no ser como esas aves, ellas parten y sin ataduras, solo van… ¡Pero que tormento no ser como ellas! que solo... Van. Batallo contra esta condena, enrraizada a una tierra que no es mía. Mientras ellos parlotean: “pureza, vida y armonía” Nuestra esencia ha callado, pero, no... amigo mío, la libertad es otra cosa. Sólo el tiempo será testigo de nuestro marchitar. Cuando las raíces prevalezcan en la tierra a la que esta perra vida nos ha condenado principiar, avejentaremos... Dirán que deliro, juzgarme por pensar que surgí en la membrana equivocada. Pero mi destino va más allá que ser un deteriorado pedazo de ramaje Ellos, siempre balbucean la savia que me compone:  “Mis pétalos caerán, mis brotes perecerán y mis tallos derrumbarse verán. Que la muerte reposa junto a mí, riendo de mis descarriados anhelos” ... Yo les digo: "Pobre de ellos, ¡sosteniendo esa conformidad!...

Cadenas

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   Importuna la fe ciega del: “todo irá mejor”, pavorosos los demonios que pronto huirán de mí, por el hambre al que los induzco con mi irrisoria ambición. Aun así, como la peor de las adicciones siempre invisten al más mínimo indicio de felicidad que olfateen. Opresores de quimeras que se alimentan del vulnerable deseo de vivir.    Trazo esto, sabiendo que la vida es una montaña rusa, y que como hoy me encuentro en el fondo del océano transcribiendo estas líneas, quizá mañana ya no esté aquí. ¡Círculo vicioso!    En lo más obscuro de mi voluntad, a lo mejor, esos peces abisales, ya saben... Esos de la luz que con sus ardides descarados motivan a esa triste alma a intentarlo una vez más para finalmente devorar sus entrañas. No voy a negarlo, por naturaleza uno siempre conserva la esperanza. Es tan sublime creer que esta vez las cosas funcionarán. Pero su azar ya ha sido marcado, víctima de una ácida racha en la que el destino decidió burlando su gén...
Tuve que deshacerme de todo lo que tenía, lo que acarreaba a mi mente a ese pozo oscuro del que no puedo salir cada vez que entro. Tus mentiras, resonando en mí, una y otra vez me lastiman. Intenté volver a mi camino en cada despertar. Ilusa, creí que podía salvarme del dolor, jugando con fuego, sin medir las consecuencias. Creyendo tener todo bajo control, fui creando un monstruo bajo mi piel.   ¿Cómo creerlo? en mis manos tenia el poder de acabar con lo poco que aún quedaba de fortaleza. Sólo era un inocente recreo de la realidad, un juego que, lánguidamente, se tornó perverso e incontrolable. Me enseñaste el significado de la incapacidad, de lo imposible, de la utópica idea de que en algún momento conseguiría que sintieras una mínima idea de lo que es el dolor. Pero no puedo con esto, cada noche me propongo olvidarte, al día siguiente abro los ojos soñando con lo que jamás volverá. Juraste protegerme, pero en ningún momento mencionaste que quien me desgarraría el alma sería ...
"Te besé porque sos una pobre mujercita. La eterna mujercita que cree en las pavadas del cine." Una tarde de domingo;  Roberto Arlt.

Nada tiene sentido, y todos morirán.

Me bloquearon el video en Facebook por contener música, audio y video que le pertenece a NBCU Creative Content Protection. Me quedo con el mensaje muchachos, les dejo las flowers. Tranquilos señores empresarios los créditos son suyos. Anoche mirando "The Good Place", me pegó en los dientes esta escena del capítulo 03x04. Quería compartirla aunque no se entienda el contexto y la imagen sea grabada con un teléfono, no podía dejarlo pasar.

"21"; Hua Hu Ching; Tao Tse

- Todo momento es frágil y huidizo.  - Por hermosos que sean, no pueden conservarse los momentos del pasado.  - Por gozosos que sean, no pueden guardarse los momentos del presente.  - Por deseables que sean, no pueden atraparse los momentos del futuro.  - Pero la mente se desespera por fijar el río en un lugar: poseída por las ideas del pasado, preocupada por las imágenes del futuro, pasa por alto la simple verdad del momento.  - Quien pueda disolver su mente descubrirá de repente el Tao a sus pies, y tendrál laclaridad a mano.

"Las huellas digitales"; El libro de los abrazos; Eduardo Galeano

"Yo nací y crecí bajo las estrellas de la cruz del sur. Vaya donde vaya, ellas me persiguen. Bajo la cruz del sur, cruz de fulgores, yo voy viviendo las estaciones de mi suerte. No tengo ningún dios. Si lo tuviera, le pediría que no me deje llegar a la muerte: no todavía. Mucho me falta andar. Hay lunas a las que todavía no ladré y soles en los que todavía no me incendié. Todavía no me sumergí en todos los mares de este mundo, que dicen que son siete, ni en todos los ríos del paraíso, que dicen que son cuatro. En Montevideo, hay un niño que explica: – Yo no quiero morirme nunca, porque quiero jugar siempre".